... es más colorido,
intenso,
humilde,
y grande.
Pero hay más detrás del hombre que las manos y los ojos que crean arte tan poderoso. Toledo es conocido por el trabajo que ha realizado por su estado y su gente en Oaxaca. Su mera presencia ha creado gravedad suficiente para atraer a un cúmulo de figuras reelevantes (y otras no tanto) de las artes contemporaneas; sin limitarse a ello, Toledo ha promovido las causas culturales de su pueblo, creando espacios como el MACO (proyecto de Tamayo, finalizado por Toledo), el IAGO (cuya biblioteca nos condujo, a mis amigos y a mi, a las lágrimas), El Pochote, el Jardín Etnobotánico, el CASA de San Agustín Etla, el rescatado Convento de Santo Domingo de Guzmán, sólo a manera de comienzo. Luchador social, Francisco Toledo ha sido un activista de causas justas desde décadas atrás, abogando a favor de los desprotegidos, aún en situaciones extremas como la crisis del pasado 2006, donde su oferta de ayuda fue premiada con amenazas y agrias críticas. A pesar de la amargura (manifiesta en su reciente entrevista para GQ) que le provocó este conflicto, Toledo persiste, incansable en su obra y en su apoyo a su natal Oaxaca. Yo soy un abogado de una "toledización" para mi natal y anodina Zacatecas, que mucha falta le hace. Desafortunadamente no contamos con una figura del peso del maestro que nos apoye en ella. A lo poco que llegamos es a un poco significativo y muy arrogante Manuel Felguerez que prefiere ser desvinculado en lo posible de este lugar.Tuve un encuentro fortuito y brevísimo con Francisco Toledo el pasado domingo. En verdad, al viajar a Oaxaca, tenía ya una esperanza de poder conocerlo, aunque fuera de lejecitos, más que nada por curiosidad. Sin embargo, y tras tres días allá, y aún sin ver al hombre, ya mi curiosidad estaba tornada en admiración al presenciar la magnitud de su obra, artística y humana. Famoso por ser huraño y tímido, Toledo no favorece el contacto con los periodistas, ni con los grupies, ni con la enorme fila de aduladores que una figura como él siempre arrastra. Así que intercambiarle cualquier palabra, es siempre una fortuna. Para nosotros esta se presentó caminando, inopinadamente, por los alrededores de Santo Domingo mientras volvíamos al Hotel. Tal y como las innumerables fábulas oaxaqueñas sobre el maestro lo narran, circulaba como cualquier otro viandante, desinteresado en sus alrededores, concentrado en su mundillo. Cualquiera que no lo conociera, jamás lo hubiera identificado como la enorme figura que es. Mis amigos se botanearon de mi porque la compostura y la voz me fallaron en su presencia. A mi descargo debo decir que Toledo me impresionó con su pura presencia. Me acaban de cuestionar si no sería que estaba yo ya prejuiciado a verlo como "el gran artista". Podría ser. Sin embargo, no soy del estilo que persigue estrellas, y no me impresiono con facilidad. La persona de Toledo transmite lo que se ve en su obra: pura energía creativa destilada en sus facciones y sus maneras. También me cuestionaban sobre su mirada, la cual transmite mucho sobre las personas. El maestro evita de manera consciente el contacto visual, pero durante una mínuscula fracción de tiempo pude ver en ellos: unos ojos antiguos, tristes, algo desinteresados como él; manifestación de ese cansancio que ha expresado en entrevistas. Pero también hay dureza en ellos: la fría determinación de aquel que tiene un trabajo y lo quiere terminado y bien hecho a como dé lugar. Y al final, en el abismo de sus ojos zapotecos, el relámpago furioso de ese fuego que sólo se puede encontrar dentro de los más grandes creadores.